domingo, 31 de octubre de 2010

El origen de la enfermedad por el Dr Edward Bach

Tan simple como esto: la historia de la vida

Cierto día, un  niño pequeño decidió pintar el cuadro de una casa para el cumpleaños de uno de sus hermanos. En su mente infantil, la casa ya estaba pintada; sabía perfectamente cómo iba a quedar, hasta el más mínimo detalle y sólo le restaba plasmarla sobre el papel.

La pintura está terminada. Apelando a toda su capacidad, él le ha dado forma a su idea de la casa. Es una obra de arte, porque todo es muy suyo: en cada trazo expresa su amor, y cada ventana, cada puerta, están pintadas con la profunda convicción de que ése es el lugar correcto para ellas. Incluso, es la casa más perfecta que fuera pintada alguna vez, es perfecta porque el pequeño artista ha puesto en ella todo su corazón y toda su alma. Todo su ser está encerrado en esa pintura.

Esto es la salud: esto es el éxito y la felicidad y la verdadera vocación de servicio. Servir a través del amor, en la más perfecta libertad de seguir nuestro propio camino.

Así es como llegamos a este mundo, sabiendo qué cuadro tenemos que pintar y con nuestra senda ya trazada a lo largo de la vida; todo lo que nos queda por hacer es darle forma material. Pasamos por la vida llenos de gozo e interés, concentrando toda nuestra capacidad en el perfeccionamiento de ese cuadro y volcando nuestros mejores esfuerzos de nuestra capacidad para trasladar nuestros pensamientos y propósitos a la vida material, en cualquier entorno que hayamos elegido.

Entonces, si seguimos desde el principio al fin nuestros propios ideales y deseos, con toda la fuerza que poseemos, no puede existir el fracaso; nuestra vida, saludable y feliz, ha sido un tremendo éxito.
Sin embargo, la misma pequeña historia del niño pintor puede ilustrar cómo, si lo permitimos, las dificultades de la vida pueden interferir con este éxito, felicidad y salud, y disuadirnos de nuestros propósitos.

El niño está pintando, atareada y felizmente, cuando alguien llega y le dice: “¿Por qué no pones una ventana aquí y una puerta allá? Y por supuesto, el sendero del jardín debería ir hacia este lado”.

El resultado de esta actitud en el niño será una total pérdida de interés en su trabajo; quizás lo continúe, pero entonces sólo estará poniendo ideas ajenas en el papel; tal vez se torne contrariado, irritado e infeliz, temeroso de rehusar las sugerencias. Comenzará a odiar la pintura y quizás hasta la rompa en pedazos; la reacción será de acuerdo con el carácter del niño.

El dibujo final quizás sea una casa reconocible, pero es imperfecta, y un fracaso porque es la interpretación de los pensamientos del otro, no los del niño. Y probablemente ya no tenga sentido como regalo de cumpleaños, por no haber podido ser terminado a tiempo.

Ésta es la enfermedad; la reacción ante una interferencia. Es un fracaso y una infelicidad transitoria, y ocurre cuando permitimos a otros que interfieran con nuestros propósitos en la vida e implanten en nuestras mentes dudas, miedos o indiferencias.

Extraído de "Cúrese usted mismo" - E. Bach, 1930

Si te interesó este artículo, lee el blog dedicado a las Enseñanzas del Dr Bach:
http://lecciones-drbach.blogspot.com/



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